martes, 22 de julio de 2008

ASOMADO

No, no se trata de que el “Soma” asimilado por mi cuerpo durante tantos años me haya dejado en un perenne estado de niebla mental… digo, que asomado a mi ventana veo la vida pasar.

Yo suelo hablarle a las cosas. Por ejemplo, después de un largo viaje en moto cuando la guardo en el garaje, le doy unas palmaditas en el respaldo del asiento del copiloto y le agradezco lo bien que se ha portado, al ordenador le agradezco el final de una gratificante jornada de laboro, a una planta que crece con soltura, una estantería que soporta un gran peso durante años, al coche, a la bicicleta… Los vehículos y cualquier otro tipo de objeto necesitan de nuestro cariño y de nuestros cuidados para que su vida útil junto a nosotros les sea más agradable, nos duren más y nos den los menos problemas posibles. Por eso yo les hablo a los objetos inanimados que comparten mi existencia.

Por todo esto no me sorprendió nada que el otro día mirando por la ventana escuchase a un vecino hablarle a su coche.

¿Qué te pasa cabrón? ¿Otra vez igual, hijo de la gran puta? ¿Acaso no te compré una batería del Carrefour el año pasado? ¿Es que no te eché por encima un leuro de agua hace dos meses? Me cago en tu puta madre que no gano pá echarte gasolina. Menos mal que no te he pagao el seguro, que total pal apaño que me das. Lastima del dinero que tiré hace cinco años en recauchutarte las ruedas delanteras (puntapié en la rueda).

Al tiempo, una abuela que pasaba con los nietos voceaba a uno de ellos, ¡Borja mira por donde pisas, que le tiras las cosas al señor! Y seguían acera adelante sin que el señor se percibiese que el niño le había dado una patada a un cacharro con tornillos y algunos se colaban por la alcantarilla.

¡Con el trabajo que me dio ponerte el alerón trasero que compré en la chatarrería! ¡Me cago en la puta! Voceaba el otro mientras abocardaba las tuercas de la tapa del filtro intentando aflojarlas con unos alicates. ¡Tus muertos! ¡Si hasta te llené el radiador de agua mineral en el ultimo calentón! (puñetazo en la aleta).

Una pareja de yonkis de camino hacia su dealer le quitaron un puñado de CD`s sin que este se percatara atareado como estaba en sus precarias labores de mantenimiento ¡La madre que…! ¡En que mala hora! ¡Vamos que…! ¡Después de darle al bocas 300 leuros pá que me “consiguiera” unas llantas!

Justo antes de meterme en casa veía como un Cocker Spaniel que hacia su ronda matutina se meaba en el asiento del conductor que reposaba encima de la acera. Mientras, el otro seguía su particular monologo con la cabeza metida en el hueco del motor ¡Me cago en…! ¡Anda quegggque…!

Relajado por tan real visión de la cotidianeidad del barrio cerré mi ventana y baje a por mi coche. Una vez dentro de él acariciando con la mano el salpicadero le comenté; Tranquilo que tiene que haber de tooo pá poder comparar.

jueves, 17 de julio de 2008

RICARDO ARDIENDO

Buscando una información en la red que nada tenía que ver con este tema, Google me ha mostrado una entrada con el título que os escribo y me ha venido a la mente toda una retahíla de recuerdos. Recuerdos en los que aparecemos Ricardo (el Richar que diría un gitano) y un servidor, lógicamente haciendo lo mejor que sabíamos hacer por aquellos tiempos, reírnos, desfasar y volver a reírnos.

Ardiendo no era su segundo apellido, pero así lo rebautizó su amigo "Chucho" (Fernando Alfaro) el de los "Surfin Bichos" en alguna de sus canciones. Como mínimo dos de ellas creo que están dedicadas a él y concretamente “Magic” fue escogida por La revista Rolling Stone para incluirla en la lista de las 200 mejores canciones del Pop Español. A nuestro Ricardo, no al de las letras de canciones o recuerdos sino al de carne y hueso, lo marchitó la heroína y se lo llevo el sida como a tantos otros en la mitad de la década de los 90 cuando seguramente rondaba cercano a los treinta. Desde el infierno (el cielo era demasiado aburrido para él) nos estará observando descojonao y seguro que ya ostenta un buen puesto ganado a pulso dentro de la jerarquía demoniacal cosa que por otra parte nos vendrá de perlas a todos los demás cuando nos reunamos con él.

Un abrazo Richar.

lunes, 7 de julio de 2008

BAJO EL SOL ABRASADOR

Andrew, el sargento de la compañía cepillaba a su caballo al tiempo que éste se reponía en el abrevadero. Mientras, la señorita Nancy observaba quien bajaba de la diligencia que acababa de atravesar el gran portón de madera. Siong Lee el cocinero chino, tiraba el agua de lavar las patatas justo antes de ponerse a pelarlas para preparar el rancho de los oficiales, ese día sería puré de patatas con unas tiras de beicon y unas tortitas de maíz. El general Caster se encontraba preparando las tropas para un posible ataque de los apaches chiricahuas. En las inmediaciones, Cochise ya se estaba preparando con sus huestes y los indios afines a su suegro “Mangas Coloradas”. Unos minutos después, los últimos colonos de las inmediaciones tomaban aire entrecortadamente tras la carrera realizada para alcanzar la protección de los soldados, cuando lo que vieron les dejo aterrorizados.



El sargento Andrew y su caballo se estaban derritiendo por el fuego junto al abrevadero. La pamela de la señorita Nancy, se fundía junto con su cabeza que ya empezaba a desaparecer hombros abajo. El tiroteo era ensordecedor, la gente gritaba y corría hacia todas las direcciones y el descontrol junto con el pánico se apoderaban de aquellos pobres seres. El general resistió como pudo el impetuoso ataque de los apaches, pero finalmente, también el rifle que levantaba orgulloso en su brazo izquierdo empezó a deshacérsele manga abajo.


Spiderman pudo entrar montado en un camión de butano y recuperar al cocinero con algunos clicks de Famobil, pero ya nada pudo hacer por la Srta. Nancy que solo era una masa de plástico humeante. En el exterior Cochise y algunos soldados medievales del Exin Castillos seguían mermando las tropas estadounidenses.


Por mi parte, yo estaba tan metido en la situación, que en el balcón de mi casa le había prendido fuego a mi fuerte de COMANSI, ¡¡¡Gran putada!!! Mereció la pena, menuda batalla.

jueves, 19 de junio de 2008

DE TESOROS BEREBERES

Allá por el año 930 Abderramán III (Abd al-Rahman) proclamó el califato de occidente también conocido como el califato de Córdoba y la Hispania Árabe (Al-Andalus) ya ocupaba más de media península. Por aquel entonces Alcaraz (Al-Karas) era una de las poblaciones más importantes de la comarca y Albacete (Al-Basit, la llanura) era un asentamiento de los toscos bereberes que fueron la avanzadilla de la invasión islámica.
Elche de la Sierra (Batistania) era paso obligado a las minas de plata, cobre y azufre de la zona, desde los centros comerciales de los puertos levantinos. Perteneció en esta época primeramente al Reino de Todmir, que se extendía por el sur de Albacete y las provincias de Murcia y Almería y más tarde a los Reinos de Taifas de Denia y Murcia.
Fue allí, en Elche de la Sierra donde se forjó el rumor de que en una montaña cercana al pueblo los árabes habían instalado una pequeña y escondida fundición para la transformación en lingotes y algunos utensilios del oro de las joyas y monedas provenientes de sus saqueos ibéricos. En su huida ante la reconquista cristiana no tuvieron tiempo de cargar con todo y dejaron parte de los almacenes socavados en la roca repletos de tan preciado material. El rumor corrió de padres a hijos durante siglos y aunque fueron muchos los que intentaron dar con el lugar exacto de la fundición jamás nadie encontró rastro alguno del oro ni de nada que se le pareciese.

Ya en el siglo pasado, en uno de esos días donde tras años de ver las cosas en el mismo sitio a alguien se le ocurre cambiarlas, un escribiente del ayuntamiento enfrascado en la tarea de trasladar papeles y archivadores de unas estanterías a otras encontró algunos documentos y planos que hacían referencia a la historia del pueblo en la época que os he comentado. Su curiosidad y su debilidad por devorar toda clase de libros y novelas le hizo ojear más detenidamente algunos de estos escritos y entre ellos encontró un legendario romance del siglo XVI del cual os muestro el siguiente fragmento;

Mucho tiempo aquí pasaron,
el bereber y el moro,
saqueando nuestras tierras,
y robándonos el Oro.
Una a una las monedas,
una a una las joyas,
nos dejaron los calzones
y poco para la olla.
Tanto fue lo allí fundido,
que no pudieron llevarlo,
quedó para quien lo busque,
y sepa bien encontrarlo.
Cuatro lanzadas de arco,
de la peña de la muela,
separan hacia el oeste,
al pobre de su riqueza.

El escribiente, que así era como aún llamaban a lo que ahora sería un secretario o administrativo municipal, indagó más en esta leyenda y reunió los datos que creyó suficientes como para aventurarse a situar geográficamente la nombrada “Peña de la Muela” e intentar un día desplazarse y ojear los montes en busca de alguna prueba que reforzara un poco más lo que había leído. De iluso soñador tenía poco, por lo que sus indagaciones eran mas una sosegada curiosidad que una desesperada búsqueda grialesca.

El día señalado llegó. Metió en un zurrón un trozo de queso, media hogaza de pan y una botella de vino y se alejó del pueblo hasta donde el creía que se encontraba el promontorio. Anduvo por los montes cercanos recorriendo la serranía sin demasiado acierto en su misión hasta que ya entrada la tarde decidió sentarse al lado de un collado a comer algo y descansar. La comida tardía y media botella de vino le dieron el sopor necesario para que decidiese trasponerse un poquito tumbado a la siesta bajo la sombra de un pino. Cuando se despertó empezaba a ocultarse el sol y emprendió el camino de vuelta cascándose la media botella de vino que le quedaba. Muy poco después se le juntó lo agreste del camino, la poca visibilidad y el vino para que en un tropiezo rodase por una loma con la mala fortuna de golpearse con una roca en la cabeza. Allí, en medio del monte, inconsciente, pasó la noche.

El sol del amanecer que calentó su rostro le despertó y cuando aturdido se incorporaba para encaminarse hacia el pueblo un destello en unas rocas cercanas llamaron su atención. Cuando se acercó a mirar, lo que observó le sacudió todo el cuerpo dejándolo perplejo. En algunas grietas de un corte de la montaña había algunos regueros secos por donde se había filtrado el agua de las lluvias y mezclado con la tierra también seca había un polvillo dorado. Cogió lo que pudo con las manos lo echó en la botella que llevaba y salió disparado hacia el pueblo.

Conocida en el pueblo era su afición por el vino y famosas sus borracheras. La noche anterior le habían estado buscando sin demasiado ahínco porque todo el mundo daba por sentado que se habría quedado dormido en cualquier corral. En el viaje de vuelta la botella se le rompió dentro del zurrón y los pocos que le escucharon solo acertaron a ver una persona desaliñada, que olía a vino, con una brecha en la frente rodeada de sangre seca y en la palma de su mano unos trozos de vidrio, tierra, piedrecillas, migas de pan y algunas partículas que brillaban que podrían ser cualquier cosa.

Aunque algunos conocían de oídas la quimera de la fundición de los árabes la aventura del escribiente solo dio para unos meses de mofa y chascarrillos.

Se llamaba Vicente Coronado Robles, murió a la edad de 94 años en Albacete el 31 de diciembre de 1977, su mesita de noche rebosaba de novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía.

Era mi abuelo materno.

lunes, 16 de junio de 2008

ENCERRADO

Allí sentado, mirando anodino los asépticos azulejos del interior no sabes cuanto tiempo llevas encerrado entre esas cuatro paredes. El pequeño ventanuco apenas deja pasar una triste luz como embajadora del frío y gris día que debe de hacer en el exterior.

Nada al alcance de tu mano que te acerque a la realidad, un periódico, una revista vieja, aunque solo fuese un triste folleto con precios de electrodomésticos.

Los minutos pasan y aprietas cada vez con más fuerza la frente contra las manos. Los codos que descansan sobre las rodillas ya empiezan a resentirse del peso de tu cabeza.

La situación se hace cada vez más angustiosa, solo aquellos que pasan por circunstancias similares en la vida pueden llegar a entenderlo a la perfección. Tu cabeza busca soluciones inmediatas y al mismo tiempo en tu frente empiezan a aparecer unas finas gotas de sudor.

¿Debí de cambiar ciertos hábitos?

No sé, supongo que sí, que resulta lógico, que eso hubiese ayudado.

Finalmente te incorporas y mientras tiras de la cadena sigues pensando aquello de…¿Y si fuese verdad eso de los cereales y la fibra y las demás chorradas?

viernes, 6 de junio de 2008

ESTÁ AQUÍ OTRA VEZ

Anoche cuando me acostaba me pareció ver de nuevo su imagen reflejada en el espejo del armario del dormitorio. Hacia tiempo que no la veía, o mejor dicho, hacia tiempo que su espíritu no me hostigaba angustiándome y rememorando continuamente aquel irremediable instante. La tenue y efímera luz de su espectro siempre se presenta en el momento menos esperado para avisarme de que aun sigue ahí, que aunque yo pretenda olvidar lo ocurrido ella no dejará que me salga con la mía.

Al poco de morir se me presentaba en el espejo retrovisor cuando conducía de noche, tan solo unas décimas de segundo, las suficientes para percibir la sensación de una descarga eléctrica que a poco que me descuidara podría terminar en un accidente. Hacía notar su presencia en el fugaz reflejo de un nocturno escaparate, dibujaba su silueta en el vapor de la ducha. Largas noches en vela sufriendo un famélico despertar tras sentir su presencia que hurgaba en mis pies. Incluso una vez creí percibir que me miraba a los ojos. En medio de la noche a los pies de mi cama su cara dibujada por una etérea neblina amoratada parecía querer atravesarme con la mirada.

Ya ni siquiera recordaba que la tengo enterrada en el patio.

No pude evitarlo, no fue culpa mía, ella siempre hacia lo que quería, siempre estaba fuera, cuando coincidíamos me ignoraba, cuando ponían en la TV algo que me gustaba se iba a otra habitación, era un desplante tras otro.

Aun así yo no tuve la culpa de que ella se me echara encima al hacer marcha atrás con el coche en el jardín, la rueda izquierda le crujió su todavía joven caparazón. Me han dicho en la terapia que lo mejor para estos casos es sustituirla por otra. Esta misma tarde me acerco a una pajarería y me compro otra tortuga.

miércoles, 28 de mayo de 2008

DE AMORES MANCHEGOS

De vez en cuando me gusta desplazarme hasta algún pueblo cercano y pasear por su rural periferia fijándome simplemente en los bancales, en los árboles y en las casas, sin mayor aspiración que la de relajarme y respirar un poco de silencio.

Hace poco en una de estas escapadas, paseando entre un grupo de casas derruidas en el manchego pueblo de “El Masegoso” atrajo mi curiosidad un trozo de vieja postal que sobresalía debajo de media teja, en el suelo, entre cañas de un antiguo techo, escombros, trozos de muro de adobe y alguna que otra pata de mesilla de noche de las de hace 60 años. La postal era una imagen de la calle de Alcalá en Madrid y aunque su estado era muy precario podía leerse su contenido con total claridad. El remitente era un tal Alejandro Díaz Márquez y la destinataria una tal Maria Luisa Cortés Jiménez. Lo que leí en su reverso me dejó tan impresionado que decidí indagar un poco sobre los protagonistas del curioso documento postal.

Mientras me tomaba un café pregunté en el bar de la plaza por los nombres que aparecían en la postal enmascarando mi interés con la posible compra de algún solar en el pueblo;

.-Pero ahí no vivía ese que usted dice, eso era de los Cortés y murieron hace ya muchos años, se quedó la hija sola y murió también hará unos 20 años.

.-¿Una tal Maria Luisa?

.-Si, la Luisa. Eso quien mejor te lo dice es el Benito, ese que esta sentao ahí en la plaza.

Pagué mi café y me fui a hablar con el Benito. Un abuelo de unos noventa años que estaba tomando el sol sentado en un banco de la plaza del pueblo con su boina y su garrota. Me presenté, le dije que me habían indicado en el bar que quizás podría ayudarme y tras una breve introducción la conversación ya transcurría por donde a mi más me interesaba;

.-El padre de la Luisa tenía muchas tierras, eran de los más ricos de por aquí. Cuando la guerra civil el mandaba mucho en el bando nacionalista y entones hicieron mucho dinero. El Alejandro era maestro, de una familia muy humilde pero muy buena de aquí del pueblo. También cuando la guerra lo reclutaron los nacionalistas y se tuvo que marchar y nunca volvió, lo mataron los republicanos en Madrid.

.-¿Pero eran novios el Alejandro y la Luisa?

.-Que vaaa, la Luisa era la única hija de los Cortés y no creo que el padre quisiese a un maestro escuela como yerno, en aquellos tiempos los maestros pasaban mas hambre que los perros. La Luisa murió soltera la pobre.

.-¿Pero entonces….?

Ante la contradictoria versión del Benito le conté mi hallazgo, le dije quien era el remitente y quien era la destinataria. Cuando terminé de leerle el contenido, el abuelo se quedo fijamente mirándome a los ojos y pude ver como una lágrima resbalaba por su mejilla hasta la solapa de la chaqueta. Justo entonces otra lagrima mía hizo lo propio yendo a caer encima de la postal. Valiente corazón el de Alejandro que me usó después de tantos años para que en su pueblo por fin alguien supiera la verdadera razón de su marcha al frente.

“Amada Maria Luisa, poco tiempo tengo para contarte todo lo que te quiero, son tantos días ya sin verte que lo que más deseo es que todo esto termine, pueda regresar al pueblo cuanto antes y estar junto ti.”

“Mucho tiempo ya ha pasado
y mi corazón no descansa
de mí amada la añoranza
lo tiene bien atrapado.

Siglos y siglos yo muerto
mi amor permanecerá
jamás se terminará
lo que empezó a nuestro encuentro”

“En Madrid a 14 de febrero de 1938”

lunes, 26 de mayo de 2008

SI PADRE, ESTAN MUY BUENAS

Acababa de salir de una reunión de trabajo en el gaditano barrio de San Lorenzo. Subía por la calle Lagasca y para el que nunca ha estado por esos barrios de Cádiz, deciros que por sus callejuelas apenas caben un vehículo y un viandante al mismo tiempo. Cargado con portátil, maletín y demás aparejos, me encontré con unos escalones de mármol blanco que me venían de perlas para sentarme un momento a pedir un taxi. Los escalones pertenecían a la iglesia de San Lorenzo y su pórtico me ofreció el fresco cobijo necesario mientras esperaba al vehículo que me llevaría de vuelta al hotel.

Casualmente ese día llevaba puesto un traje gris y una camisa negra sin corbata (todo de Armani, claro está, porque yo lo valgo). Cuando me metí en el auto, el taxista estuvo un rato sin hablar pero como el tráfico no nos dejaba avanzar demasiado, a los pocos minutos preguntó;
¿Qué, padre, de visita a algún compañero?

¿¿¿¿???? Tardé un poco en hilar, pero como los gaditanos tienen fama de guasones me permití el lujo de contestarle a mi manera;

Si hijo, vengo directamente del vaticano, habéis tenido mucha suerte aquí en Cádiz, pero por favor no me llames padre, me hace sentirme un tanto extraño, ciertamente no estoy acostumbrado, mi trabajo es poco menos que el de una especie de secretario administrativo de la iglesia. Mi nombre es Mateo.

¿Suerte dice? ¿Por qué?

En la iglesia de San Lorenzo, donde me has recogido, estaban haciendo unas obras para meter unos tubos de calefacción hacia las habitaciones interiores y han descubierto un antiguo sótano que se tapó en la guerra civil. En principio no había nada en él, pero cuando ya lo iban a rellenar de escombro para sellarlo definitivamente un operario se dio cuenta de que por las rendijas de los ladrillos de otra puerta tapiada de la misma estancia circulaba una corriente de aire. Al quitar algunos de los ladrillos para asegurarse de si había que rellenar mas huecos han encontrado un mausoleo.

¡Hooostiaaas! Perdón, ¿Pero esto parece de película? ¿Pero que me está contando? ¿Y qué había dentro?

En el mausoleo hay unos restos humanos que en un primer momento se pensó que pertenecían a un obispo muy importante de Cadiz, pero finalmente son de una familia igualmente importante de la que no puedo revelar todavía su identidad.

¿Y la suerte?

Los restos pertenecen a un varón adulto y a un bebé de unos meses que las pruebas de ADN revelan que son padre e hijo.

Aaaaaahhh.

En ese momento el vehículo se detuvo en la puerta del hotel y justo cuando pagaba el importe de la carrera pasaban dos pibones a escasos centímetros de nosotros.

¡Estan guenassss las gaditanas! Le dije mientras nos despedíamos.

jueves, 8 de mayo de 2008

DEL CALIBRE 22

¿Dónde Andas?
Estoy a unos 15 minutos, en un semáforo ¿Y tú?
En casa, estaba leyendo y me he puesto muy subidita.
¿Qué me cuentas? ¿Y lo vas a solucionar sin mí?
Depende de si encuentras un atasco o llegas a tiempo.
¿Qué llevas puesto?
Una camiseta de tirantes de Calvin Klein y el tanga que me regalaste de Victoria’s Secret que se esta empezando a mojar demasiado.
Cuelgo que casi atropello a uno con una Derbi Variant. Espérame.

Aparqué tan aprisa que oí crujir el paragolpes del Ford Fiesta de delante y el del BMW del año del porcón del vecino. Cuando subía por las escaleras ya llevaba mi arma casi a punto.

Wendy me había visto por la ventana y me esperaba detrás de la puerta pero la abrí tan efusivamente que le metí con el picaporte en el costado y casi al instante le salió un moratón. Se quejó, me disculpé y le puse la mano en la nuca dándonos un morreo de esos que nuestras lenguas mas que lenguas parecían el pulpo de “20.000 leguas de viaje submarino”. Empezó a palparme la herramienta por encima del pantalón y la agarré del culo con las dos manos y como lo que mas cerca quedaba era el baño me la lleve al jacuzzi que aunque estaba vacío podría servirnos para nuestros carnales propósitos. No calibré el peso extra que portaba y al intentar postrarnos en el improvisado lecho se golpeó con la cabeza en la jabonera, pero el seco “Croock” que oí debió ser del plástico de la misma porque ella me siguió magreando e intentando desabrochar los botones de los vaqueros. Como la posición en que se había quedado era la idónea metí la cabeza entre su sexo y a la primera inspiración de sus humores la erguí raudamente preguntándole ¿Se te murió algo ahí adentro? Espera, me dijo y de un salto se sentó en el bidé mientras yo me desnudaba. Ya de paso me di unas aguas yo también, que después de todo un día meando por ahí seguro que ella me lo agradecería muy bien. Una vez lavada la rosa y enjabonado el aparato, la punta parecía una bola de billar, dura y brillante. Continuamos con los besos y ella se arrodilló para coger con sus manitas los 22 cm. del cañón que más le gustaba (22 cm. jajajajaja jajajaaja jajajajajaja haaaaaay que me parto, pero como el que escribe soy yo, pongo lo que me da la gana, ya sabemos que son solo dieciocho, jajaja ajajajaj aj) en fin, sigamos ¿Por donde iba? ¡A si! por lo del peaso de miembro, erguido, venoso y brillante que tanto le gusta a Wendy.

Mientras ella enjuagaba con su lengua todo aquel material, yo me apoyé en el lavabo de cerámica de Kent que compramos en California, Wendy seguía trabajando con tanta avidez que no pensé que las escuadras que sujetaban el lavabo fueran tan débiles y acabaron por no soportar la presión de nuestro juego derrumbándose tras de mí ¡Que putada! Estábamos tan calientes que aquello no nos paró y entre los trozos de loseta, cemento cola y cepillos de dientes seguimos procurándonos toda clase de requiebros amatorios. Por fin pude alcanzar el tesoro de Wendy y meterle la lengua hasta sacársela por el ombligo. Ella se arqueaba de placer mientras yo empezaba a sentir un desagradable escozor en el ojete. Con el movimiento me estaba dando con un trozo del desagüe que quedaba en la pared y cuando miré había hasta unas gotas de sangre resbalando por el PVC ¿Qué importaba eso? seguí hasta que decidí penetrarla por detrás apoyada en la pared de la ducha y con el empuje que le propinaba a cada envite se agarró sin darse cuenta en la cortina del baño. Mi pene salía y entraba una y otra vez de su lubricada flor hasta que la cortina y la varilla que la sujetaba nos envolvió a los dos justo cuando nos corríamos como hechizados sin importarnos lo mas mínimo el resto del mundo.

Al levantarme pude ver en el espejo mi ojo morado por el golpe de la varilla de la cortina.

Wendy me dejó hace unos meses, dijo que follar lo que se llama follar le gustaba, pero para deportes de riesgo ya estaba el Puenting.

Desde entonces no he vuelto a hacer el amor. Para la próxima pensaré en comprar algunos juguetes eróticos que seguro me salen mas a cuenta.

viernes, 25 de abril de 2008

EL CURSILLO DE NATACION

Al poco tiempo de tomar la comunión vestido de marinerito y toda esa parafernalia, desde el cercano pueblo de Pozo Cañada vinieron a vivir a mi bloque una nueva familia. El Papá, la Mamá y una linda parejita de vástagos, ocuparon el bajo derecha por unos cuantos años. El padre, el Sr. Wesler, Ray Wesler, era todo un personaje, regordete y colorao le gustaban las tías mas que a un tonto un lapicero, putero y bebedor siempre recordaré de él las canciones inventadas que entonaba cuando nos llevaba a su hijo y a mi en un SEAT 850 color cagueta a la parcela que tenían en la carretera de Jaén, “El capuuullo moraaaaooo” tarareaba alegremente mientras nosotros nos mirábamos de reojo sonriendo en el asiento de atrás. A mitad de camino paraba en el bar “La jaula” se aplicaba un anís o un coñac y continuábamos ruta. La madre, la Sra. Wesler era la típica ama de casa entregada a sus quehaceres domésticos sin nada que resaltar de ella a no ser si acaso su falta de información de todo lo que acontecía a su alrededor o su interés porque así lo pareciese. La hija mayor, Karen padecía una deficiencia mental que le hacía morderse fuertemente el pulgar de la mano derecha cuando se emocionaba por algún acontecimiento tan banal como el simple encuentro con un vecino en la escalera. Leonard el hijo, me metió de lleno en eso de fumar pitillos de “Mencey” un tabaco negro muy barato que te inundaba los pulmones del peor de los alquitranes. El caso es, que cuando llegaba la primavera, Leonard le quitaba a su padre las llaves de la parcela y nos íbamos en las bicicletas a hacer las cosas propias de los nueve o diez años. Coger lagartijas, ponerle a la guita del zompo una moneda de dos reales, disparar con un rifle de plomos y quitarle los guardabarros a nuestros medios de locomoción.

El cursillo de natación lo hicimos solos, ni monitor ni hostias. Un monitor ¿eso qué eeehh? En una piscina con el agua del año anterior, con sus dos metros de profundidad, llena de bichitos zigzagueantes y con nuestros calzoncillos blancos de la marca “Abanderado” (bueno, blancos menos un rodal amarillo). Unos cuantos largos al estilo perrete y después nos tumbábamos en el césped a contemplar el cielo azul, los gorriones y el verde de las copas de los árboles mientras nos secábamos y nos fumábamos a medias un pitillo.

¿De ande vienes? Preguntaba mí madre a mí regreso.
Pos ná mama, daquí atrás.

miércoles, 16 de abril de 2008

¿TU QUE CREES?

Sentado en el sofá, con los pies extendidos encima de un cómodo cojín sobre la mesa del salón, contemplaba el hueco de la chimenea donde tengo un tiesto con un caladio (Caladium bicolor) que ahora en primavera me regala su mejor imagen. Un frondoso cuerpo de moradas hojas ribeteadas por un verde borde de unos seis o siete milímetros de ancho, sobre un achaparrado cántaro de barro con unas asas redondeadas que inevitablemente siempre me traen a la mente la silueta de una maruja esculpida por Botero.

En esa cómoda posición me encontraba arreglando el mundo entero cuando mi estomago mandó una clara orden a mi cerebro que me hizo retirar los pies del mullido cojín y calzarlos dentro de las chanclas que tenía debajo. Con un sosegado movimiento de pelvis me alcé y llegué hasta la cocina que está justo a la espalda del salón.

Con la mano derecha palpé la llave de la luz para encenderla y me planté frente al frigorífico con una idea fija en la mente. Con la mano izquierda abrí de par en par la puerta y apoyé mi cuerpo en el brazo mientras ojeaba su interior. La tenue luz que manaba desde dentro torneaba las siluetas de los envases de yogurt, del bote de ketchup, de las latitas de uvas peladas de hace dos navidades, del cacharro de las fresas. Tarros de alcachofas, de banderillas picantes y aceitunas se amontonaban en otro estante. Latas de atún, naranjas y tomates formaban un hermoso bodegón en el interior de la nevera como si de un Velázquez se tratara. Zumos, coca colas y cervezas ocupaban su sitio en los diferentes compartimentos junto a los huevos, el bote de la mayonesa y los brick de leche. Finalmente detuve la mirada en el tercer estante del que agarré con decisión el tupperware del embutido y lo dejé sobre la encimera de la cocina al tiempo que cerraba la puerta del frigorífico.

En una repisa de la cocina que tengo a la altura de las rodillas descansa el exprimidor, la sandwichera, las servilletas de papel y los cacharros de barro con los ajos y las cebollas. Justo al lado hay dos bandejas, una con sus asitas y unos motivos en tonos pastel para servir el café de las visitas y otra de plástico del “todo a cien” más de batalla. La segunda opción fue la elegida para lo que mas tarde acontecería.

Agarré una servilleta de papel y la desplegué a modo de mantel sobre la bandeja. Del tupperware del embutido saqué una cuña de queso manchego curado y con sumo cuidado retiré el plástico que la envolvía para poder reutilizarlo más veces. Puse mi vieja tabla de madera sobre la encimera y agarré del taco de cuchillos de cocina el más ancho que tengo y fui deslizándolo sobre la cuña de queso una y otra vez hasta obtener un montoncito de unos cuatro o cinco filetes de unos seis milímetros de espesor. Apoyándolos en mi pulgar con la destreza del mejor de los chefs les fui quitando la corteza hasta convertirlos en unos perfectos triángulos que fui amontonando encima del papel de la bandeja. Limpié el cuchillo con un trozo de rollo de cocina y lo dejé en el taco sacando seguidamente el de sierra con el que corté un buen trozo de barra de pan de leña y la abrí por la mitad dejándola también sobre la servilleta de papel de la bandeja. De manera autómata, casi sin pensarlo, cogí con dos deditos la aceitera y rocié la blanca molla del pan con el oro verde de los campos de Andalucía, cerrándolo casi al instante para oír como crujía su corteza entre mis manos.

Metí los triángulos de queso entre el pan y saqué el cacharro de las fresas. En un cuenco blanco de porcelana de Santa Clara decorado con unos trazos en azul marino fui cortando en pedacitos la roja carne de las fresas que dejaba cuidadosamente caer en el fondo del recipiente y cuando consideré que ya tenia suficiente enjuague mis manos y el cuchillo bajo el grifo del fregadero. Del panal que tengo encima de la nevera cogí una botella de Ribera del Duero y me serví un tiento en un copón de los pocos que me quedan para tal fin (se me rompen al fregarlos, los jodíos). Lo deposité en la bandeja con el resto y volví al salón para recuperar mi posición inicial.

Un rato después a eso de las nueve como casi todas las noches Catherine me llamó;

Hola nene, ¿Has cenao?
¿Tú que crees? Le contesté.

martes, 8 de abril de 2008

Me gustaría ser más ignorante todavía.

Cual insignificante aprendiz de filósofo, cada vez más a menudo me abstraigo como en un fugaz viaje astral y elucubro pensamientos sobre la evolución del ser humano. ¿Ande vamos con tanta evolución? Evolución involutiva, puesto que es cierto que la gente ya no muere terriblemente por las mismas enfermedades que en la edad media pero seguimos muriendo por otras cuanto no más numerosas y terribles. Viajamos mucho más rápido que antes pero pagamos con nuestra propia vida esa aceleración, sin hablar del alto coste económico y ambiental. Ríos cada vez más secos y llenos de mierda, mares cada vez más contaminados y especies desapareciendo en tierra, mar y aire a cada instante. Podría llenar páginas y páginas haciendo comparaciones que todos conocemos y nos hemos parado a pensar alguna vez y que manidamente se tratan en todos los medios, todos los días…..pfffffff…...un aburrimiento que nos conduciría aun estado pre-depresivo.

Existe una teoría que dice que al Homo Neardental se lo cargo "El comercio". Si nos comparamos con un Neardental probablemente la mayoría crea que ahora somos muy superiores a este lejano paso de la evolución. Él nunca hubiera imaginado nuestro mundo tal y como hoy lo vivimos, nuestras hipotecas, nuestros parques temáticos, nuestras escuelas de egoístas e intolerantes neardentalitos consumistas, nuestros préstamos del BMW, nuestros préstamos de la operación de aumento de pecho de la nena, nuestros suicidios por la bajada de las acciones en bolsa, nuestra anorexia, nuestra muerte a manos de los hinchas del equipo contrario, nuestros templos, divinidades y fanáticos voluntarios de la inmolación, ¿Nuestro derecho a manifestarnos libremente? ¿Nuestra cartilla del paro? ¿Nuestro derecho a un abogado de oficio para un juicio justo?

Diossssss como echaría de menos nuestro tosco hombrecito todos esos adelantos ¡Joder! Con la cartilla del paro podría fabricarle un Tampax a su pareja ¿Útil, no? Y esta a su vez se lo agradecería metiéndole un móvil por el culo cuando le acuciase una diarrea, siiiiii un Nokia de esos que dicen que son más resistentes. ¡Eeeeeeeeeeeiii! Y con una constitución de esas que dicen que somos todos iguales podrían empapelar las paredes de la cueva ¡Joder, pero que burro el tío! Como necesita los adelantos que tenemos ahora y lo que le facilitarían la vida. ¡Sus hijos ya no morirían de hambre o de extrañas enfermedades!

Que se puede esperar de un tío que bebe agua cristalina de los miles de manantiales que se encuentra en su camino, que cada vez que respira le entra a partes iguales una porción de aire oxigenado de la montaña y otra de brisa de eucaliptos y que mantiene una dieta basada en Dios sabe que cosas nada que ver por supuestisimo con nuestros saludables Mac'algo y telealgo. ¡Con lo necesario y útil que le sería conocer otros lugares desde el sillón de su cueva a través de una caja cuadrada! ¡Lo que se perdió este pobre desgracio con las visitas virtuales! Que se puede esperar de un tío que cuando levanta la vista solo ve un extraordinario paisaje natural y virgen ¡Sin una puta lata de Coca Cola o un Brik de Don Simón!

¡Bastante mierda de falta le hacia a este homínido estar perdiendo el tiempo leyendo por Internet a un gilipollas como yo!

P.D.: No voy a pedir perdón a los verdaderos filósofos por mi "atrevimiento" al realizar este ejercicio de autocrítica evolhumanoide, pero por si acaso yo también les perdono a ellos.

viernes, 28 de marzo de 2008

LEARNING TO FLY

Sus torneados ojos marrones apenas se reconocen detrás de su impenetrable flequillo. Siempre me he preguntado como puede estar tan atento a todo lo que acontece a su alrededor, yo sería incapaz de coscarme de nada con semejante cortina de pelo tapándome la visión, pero él, no solo permanece avizor, sino que además es capaz de seguir con la cabeza a un mosquito que pase volando cerca de su espacio mas inmediato.

Su pequeña estatura y su corta edad (5 años) no son impedimento para que se suba a todo lo que está a su alcance, las sillas, las mesas, los sofás y el pollete de las ventanas suelen ser sus objetivos más deseados. Su agilidad y su fuerza se desarrollan por instantes gracias a esa inquietud que le genera la curiosidad de su corta edad, la ambición empleada en la exploración de todo lo que le rodea le convierte sin apenas darse cuenta en un decatleta en miniatura.

Fue esa misma curiosidad la que en un soleado día que me encontraba absorto en uno de esos zafarranchos higiénicos en el hogar no advertí por unos instantes que cerca de la ventana abierta permanecía un sillón que había desplazado de su sitio para la mejor realización de las tareas marujiles…. Tan solo un segundo de descuido fue necesario para la tragedia.

Sus ansias de descubrimiento le empujaron sin pensarlo a trepar hasta la ventana y yo que en ese descuidado momento me encontraba de espaldas a ella tan solo pude escuchar un fuerte “CLOOON” seguido de un largo quejido proveniente de lo más hondo de su joven garganta. Ni siquiera me asomé. En unas milésimas de segundo comprendí lo que había pasado y salte desesperadamente por encima de los obstáculos que me impedían el acceso a la puerta de la casa y bajé los escalones de cinco en cinco hasta el portal y cuando abrí la puerta de la calle lo que vi, fue lo que me temía… su pequeño cuerpecito permanecía tembloroso tumbado en la acera sin siquiera poder emitir sonido alguno, me arrodille ante él para cogerlo delicadamente y en mi ademán de alzarlo para su traslado le arranque otro quejido que me inundo el alma de una tristeza infinita.

Postrado en la mesa del quirófano palpaban una y otra vez su cuerpecito en busca de las lesiones ocurridas…en los repetidos cruces de miradas siempre encontraba el mismo movimiento de cabeza del facultativo…de izquierda a derecha.

¿Nada?
Nada.
¿Ni siquiera una pata se ha roto este cabrón?
Nada; me respondió el veterinario.

Lo único que estaba era cagao de su experiencia voladora, se había caído (o tirado) desde un primer piso a la calle, pero cuando volvíamos en el coche, el hijo de puta ya se ponía en pie en el asiento para asomarse por la ventanilla y al llegar a casa aunque cerré la ventana tan solo tardó unos segundos en volver a subirse al pollete de la misma.

Es un “West Highland Terrier” blanco, simpático y despistao, muy despistao, otro día por la mañana cuando cruzaba la calle lo golpeó un coche , por la tarde ya se meaba en las ruedas de los demás sin acordarse de que ese gran “monstruo metálico” casi acaba con su vida hacía tan solo unas horas.

Simpático, despistado…que lindo perrito ¿A ver si va a ser que está como una puta cabra?

Ea pos eso será, Dios los cría y ellos se juntan.

martes, 25 de marzo de 2008

ME SUPO MAL

Ella no quiso reconocerlo pero lo nuestro ya no funcionaba, nuestras veladas ya no ofrecían la insolencia de antaño. Los domingos por la tarde tampoco mejoraban, cambiábamos una y otra vez y nada… aquello no se arreglaba. A medio día, por la noche, siempre igual, nada nos satisfacía…

Vestida de negro, olvidada en un cuarto, cubierta de polvo… de ese polvo que vuela entre el rayo de luz robado al sol por una rendija de la carcomida ventana. Junto a una colcha vieja de mi abuela. Frente al marco dorado con la fotografía de mi comunión, allí se quedó…

Como ya os comenté hace poco me enamoré y finalmente me compré otra, y claro a esta tuve que dejarla en el trastero… ¡Me supo mal, peeero!

Como diría algún Heredia ¡Asin es la vida!

martes, 18 de marzo de 2008

EL MELGO, EL CHIFARRA Y EL MARRANO

Cualquier oriundo de Albacete sabe donde se encuentra “El Cerrico”. Es un antiguo barrio al lado del también conocido “Las seiscientas”, ambos habitados por gente humilde y trabajadora que conviven entre chorizos, maleantes, camellos, drogadictos y alguna puta que otra. Básicamente como en cualquier otro barrio de la ciudad. ¡Que hasta en los mejores distritos encontramos de todo lo anterior oiga!

Los personajes del título de arriba son tres hermanos gitanos que viven a caballo entre la cárcel de “La torrecica” y su barrio.

“El melgo” el menor de estos tres hermanos nunca ha destacado por nada en particular, vive a la sombra de los otros dos y lo único que acertaba a maquinar el solito era hacerle creer a algún pardillo que pasaba chocolate y entrar en un estudiado portal con el dinero saliendo por una ventana o una puerta trasera. Cuando no era un pobre inocente el que le preguntaba por alguna sustancia prohibida su frase favorita era “no me queda ná, si fueres venío en antes”.

El de en medio, “El Chifarra” se llama Manolo. Es el más “espabilao” de los tres, fue, en otros tiempos, uno de los principales camellos de caballo que salieron de la escuela del “Bar Colón”, junto con “el moro”, que no era moro, que era gitano, pero se apellida morales, “el juanra”, “el cande”, "el chino", "el modes" y otros cuantos que dan para otras muchas historias. Entrar en la casa del chifarra o en la de algunos de estos personajes era entrar en otro mundo totalmente surrealista, la escena de la niña de trainspotting pude llegar a vivirla una docena de veces aunque por suerte nunca terminó igual que en la película.

Y por ultimo, el mayor de ellos, “El Marrano”. Cuando teníamos 12 o 13 años nos quitó a mi amigo Juan y a mi, sendos relojes a punta de navaja en el conocido parque de “Los jardinillos”. Para que os hagáis una idea imaginaros enfrente al mono malo de “El planeta de lo simios” diciendo; ¡Darme los relós o los rajo! Y nosotros claro esta, se los dimos.

Entrañables personajes como los de cualquier ciudad del mundo o los de cualquier novela de ficción, pero estos con una graciosa peculiaridad, son manchegos, son reales y viven en mi ciudad.

Corpulento, bien carado,
patillas bajas de barba cerrada.
De mejillas abultado,
de color robusto y frente holgada.

Pelo negro y corto,
ojos garzos, serio de nariz.
De viruelas picado el rostro,
avizor y alerta siempre a un desliz.

Leyendas corren por la serranía,
donde al bandolero, todavía…
Se le mira con cierta clemencia e incluso simpatía.

PD: Por cierto, si yo no soy un bandolero ¿Por qué tengo este pedazo de trabuco? Jaaajajaaaaaa jaajajaaaaajaja aaaiiin que me troncho

lunes, 10 de marzo de 2008

FLECHAZO

Cuando la vi supe que quería pasar el resto de mi vida con ella, el corazón se me salía del pecho, latía tan fuerte que llegué a asustarme, era perfecta, jamás había visto nada igual. Desde ese mismo instante me enamoré, lo que sentí fue muy profundo…

Tenía todo lo que yo podía desear, pantalla de 60”, TDT, tecnología LCD, Pixel Plus HD….

miércoles, 27 de febrero de 2008

DE IDEALES CONTEMPORANEOS Y OTRAS LIDES

Abrir una puerta y dejarles pasar, cogerles las bolsas del mercado y subirlas al tercero, dejarles tu asiento en el metro…

Les hace falta tu comprensión en los días más difíciles de cada mes, tu aguante, tu templaza, tu serenidad…

Les encanta que les regalen el oído revelando sin caer en la cursilería su belleza o en su defecto, su no excesivo volumen corporal.

Les hechiza que les traten con la sutileza que exige una mariposa o en su defecto con el mismo trato que precisa un tierno gatito, un cachorrillo de Cocker, un polluelo amarillo, un Yorkshire…

Les complace su ganada independencia, su espacio vital que acompañan de su más selecto grupo de afines, el grupo con el que comparten las más íntimas confesiones, el grupo con el que se desahogan de tanta incomprensión.

Les sorprende la atención que prestas a sus comentarios con afanoso gesto de interés e inusual impresión.

Les satisface el reparto de las tareas domesticas, el apoyo, la colaboración y el mayúsculo empeño que despliegas en ellas.

Les desarma el número de orgasmos que se pueden llegar a conseguir con una divertida, sana e higiénica vida sexual.

Les iguala ocupar ese estatus de poder ejecutivo en el trabajo, un alto cargo, con sus reuniones, sus comidas de trabajo, su toma de decisiones, su ordeno y mando…

Les pone que estés en forma, que te cuides, que vayas al gimnasio, que luzcas una esbelta figura.

Les hipnotiza que les recompensen cualquiera de sus virtudes con agasajos inesperados… una cena de las de velitas y un buen vino de la Ribera del Duero, una prenda de vestir, una joya, un deportivo, una canción, unos zapatos caros, un poema, un viaje…

¡Nos ha jodío mayo con la flores!…pos claro que a los tíos nos encanta que nos traten asín

¿Y a quien no?

miércoles, 20 de febrero de 2008

NO TUVE TIEMPO

Si hay miedo, hay respeto; solía decir. Así era él, siempre entre putas y camellos, dominando a la perfección los gestos y el lenguaje de la noche, el lenguaje de garitos oscuros, de drogas y de alcohol, de dinero sucio, de macarras….

No tuve tiempo de agradecerle tantos y tan buenos momentos que pasé con él. Momentos de risas, de cervezas, de Jack Daniel`s, de interminables charlas sentados en taburetes detrás de la barra de incontables garitos. Su contagiosa sonrisa, su desfasada verborrea, su afán por expresar con palabras poco acertadas lo que no sabía explicar…..

Me hubiera gustado mucho mostrarle mi más sincera admiración por la forma en que siempre entendió nuestra amistad. A menudo me presentaba como su hermano, un hermano de esos que se forjan en las bandas callejeras, un colega, un fiel soldado, un amigo…Una especial adaptación del honor, ese honor que jamás dejaría abandonado a su suerte a su colega pero que sin embargo permite pegarle una paliza a un niño, a un anciano, a un perro….. a tu mujer.

No tuve tiempo de decirle casi nada. Esa noche no. Solo tuve tiempo de limpiar la sangre de mi machete, meter el cuerpo en el maletero y salir del callejón con dirección hacia algún oscuro bosque donde enterrar a mi mejor soldado.

miércoles, 6 de febrero de 2008

EL EQUIPO “B”

¿Nos echamos algo? ¿O quéeee?
¡Venga! Pos si es viernes como no no lo vamos a echar.

Nos sacamos el mono lleno de grasa, nos lavamos con jabón y serrín para intentar quitarnos el negro imposible de quitar de las manos de un mecánico, nos atusamos el pelo, nos perfumamos con la colonia que alguno siempre guardaba en su taquilla y nos montamos los cinco en mi Renault 7 recién pintado.

Una ronda de cerveza, dos, tres, un platico de forro, uno de oreja, otro de patatas con alioli, más rondas de cerveza ¡Neeene tráete un poco pan! ¡Y pon unas guarrillas de esas! Palillo en la boca, unos carajillos, la cuenta y a tomar unos cubatas por ahí. Un garito, otro, una nena que le dices una gilipollez, otro cubata, unas risas…..

¿Y si nos vamos a la Cueva de la Pocha?
¡Venga ya estamos tardando!

Los cinco en el coche, “Branquias bajo el agua” de Derribos Arias, “Hola Mamoncete” de los Ilegales y cosas por el estilo en el radio-cassette y por si alguien no lo sabe la cueva de la Pocha es un garito situado en la loma de la montaña cerca del castillo del histórico pueblo de Chinchilla de Montearagón y que todavía existe pero permanece ya cerrada muchos años (El local es una antigua casa-cueva). La subida al castillo fue un poco aparatosa pero manejable teniendo en cuenta que subiendo siempre vas más despacio.

La bajada fue más bonita; después de meternos en el cuerpo los cubatas que nos faltaban, las estrechas callejuelas del pueblo en las que a cada lado del coche no quedan más de 20 cm. parecían la pantalla de un videojuego. De noche, tostao, con la luz tenue del alumbrado municipal que salía de unos farolillos antiguos, en pleno invierno. Las desiertas calles se me iban apareciendo como las de un relato de terror. Nos balanceábamos dentro del coche hacia un lado, hacia el otro, y en algunos ya se vislumbraba la cara de acojone. Casi llegando a la salida de la general la calle seguía bajando y se dividía en dos. En el vértice de la bifurcación un pilón. ¡Ni pá un lao ni pál otro! En el pilón empotré el morro del coche.

Despliegue de medios. ¡Todos fuera! ¡No ha pasao ná! Uno se tumbó todo lo largo que era en medio de la calle para según el ¡Hacerle una alineación de la dirección! Otro cogía unos ladrillos de una obra cercana para calzarlo y cambiarle una rueda, otro unas hojas de unas plantas de jardín para limpiarle el parabrisas, yo que por aquel entonces estaba mas seco que el pellejo de una mierda me metí entre el pilón y el morro para que ayudado por los otros dos restantes reculáramos un poco para poder trabajar. Le cambiamos la rueda, le metimos con una piedra al buje para enderezar un poco la dirección y nos volvimos despacito a Albacete con un pequeño movimiento de sube y baja en el camino.

Lo sé, lo admito, yo era un veinteañero descerebrao, pero… ¿Y los responsables padres de familia que me acompañaban? Me sacaban entre 12 y 15 años ¿Qué eran ellos?

viernes, 1 de febrero de 2008

RUSIA CONNECTION ALBACETE

Mi colega "El contable" del cual ya os he hablado en alguna otra ocasión, se fue durante un tiempo a trabajar a un club nocturno de la costa levantina. Allí, hacía las veces de relaciones públicas, camarero ocasional y como principal ocupación llevaba las cuestiones administrativas del club, albaranes, facturas de proveedores, ingresos por noche, control de las cajas y ese tipo de gestiones. Vamos, que le organizaba al gran jefe un poco el tema de ingresos/gastos del garito.




Un día me dijo que le hiciera un programa para llevar el control de lo que ingresaban las chicas por noche, nada del otro mundo, una ficha por chica donde pudiera introducir las veces que subía a la habitación, lo que le cobraban al cliente en otros conceptos (sábanas y demás) y el gasto que le hacían en barra por chica, en invitaciones de benjamines y esas cosas. En un primer momento no le vi mayor problema y accedí a desarrollarlo. Pensé que si me salía bien, podría mejorarlo incorporándole otras opciones y vendérselo a todos los bares de putas de España. Una de esas grandes ideas que surgen a las tres de la mañana en un garito producto de una tarde/noche de alto consumo de alcohol y sustancias ilegales. Cuando lo terminé, me hice un viajecito al local para instalar el programita en el portátil del jefe de mi colega. Mientras le explicaba su funcionamiento nos tostamos a base de Whiskey y farlopa, putas por aquí, putas por allá…vamos; lo normal en estos casos de lo que es mismamente la instalación de cualquier software que se precie.



Pasaron los meses y un día mí correligionario me llamó muy alterado y me contó que un par de días antes había tarifado con su jefe del local de alterne por cuestiones de comisiones y otros temas económicos y que se había venido otra vez para Albacete. ¡Bueno! ¡Vale! Pues no pasa nada, te buscas otra cosa y a funcionar.



No es tan simple, me dice; mi jefe es ruso, esta madrugada la policía lo ha detenido junto con sus colaboradores más cercanos. Se han llevado un montón de cosas, entre ellas el portátil con la aplicación y me han dicho que alguno de sus cofrades me esta buscando para preguntarme amablemente si mi repentino abandono tiene algo que ver con la inesperada redada de la policía.



¡¡¡Hostia puta!!! El guión de una película de Hollywood con adaptación manchega y yo tengo un pequeño papel en ella. ¿Qué autentico? ¿No?........ ¡¡¡Y una mieeeeeerda!!! Tres meses después aún miraba desde el balcón a la calle antes de salir de mi casa.



Cuando almorzaba en el bar de al lado del trabajo y veía alguien con pinta de los países del este pensaba ¡Ya esta! ¡Ese es! ¡Ese viene a por mí! Me romperá las piernas, me meterá el dedo gordo de mi pie en la boca y luego me preguntará que donde esta mi colega. Cuando oía abrirse la puerta de las oficinas pensaba ¿Será un ruso o será la poli? Cuando caminaba por la acera y escuchaba pasos detrás de mí, el intestino simulaba la huída de una lagartija y mi esfínter parecía el zoom de la cámara de un loco. Me fijaba en el reflejo de los escaparates. Antes de coger el coche monitorizaba toda la calle… Así hasta que por cansancio o dejadez los síntomas sicóticos desaparecieron poco a poco.



El contable lleva varios años sin venir a España, se ha casado ¿Por Cuarta vez? Fue padre de otra niña y ya he perdido la cuenta de los vástagos que tiene y a que madres pertenecen.



¡Anda ponerle a esto la música del 007 ese!