lunes, 16 de junio de 2008

ENCERRADO

Allí sentado, mirando anodino los asépticos azulejos del interior no sabes cuanto tiempo llevas encerrado entre esas cuatro paredes. El pequeño ventanuco apenas deja pasar una triste luz como embajadora del frío y gris día que debe de hacer en el exterior.

Nada al alcance de tu mano que te acerque a la realidad, un periódico, una revista vieja, aunque solo fuese un triste folleto con precios de electrodomésticos.

Los minutos pasan y aprietas cada vez con más fuerza la frente contra las manos. Los codos que descansan sobre las rodillas ya empiezan a resentirse del peso de tu cabeza.

La situación se hace cada vez más angustiosa, solo aquellos que pasan por circunstancias similares en la vida pueden llegar a entenderlo a la perfección. Tu cabeza busca soluciones inmediatas y al mismo tiempo en tu frente empiezan a aparecer unas finas gotas de sudor.

¿Debí de cambiar ciertos hábitos?

No sé, supongo que sí, que resulta lógico, que eso hubiese ayudado.

Finalmente te incorporas y mientras tiras de la cadena sigues pensando aquello de…¿Y si fuese verdad eso de los cereales y la fibra y las demás chorradas?

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