jueves, 6 de junio de 2013

CONEXIÓN QUIJOTE – EL ENCUENTRO CON TRONERO (I)



Ansioso, más que nervioso, metió la mano en el bolsillo del vaquero y extrajo una pequeña bolsita de plástico. El filo de su navaja cortó de un tajo el extremo quemado y prensado con los dedos, “Atrás quedaron las viejas papelinas", pensé.

Con sumo cuidado de no desperdiciar nada, descargó el contenido en la cuchara donde previamente había añadido una exigua gota de limón. Atrás quedó también la novelesca parafernalia de calentar la cuchara con la llama del encendedor. Con la caperuza de la flauta removió bien la mezcla hasta disolver por completo cualquier grumo. Añadió unas gotas de agua succionadas directamente del grifo y removió de nuevo. Con los dientes extrajo un trozo de filtro de un cigarro, hizo una bolita con los dedos y lo deposito en el mini cocido que estaba preparando en su cuchara. Con pasmosa destreza, utilizando en esta ocasión cuatro dedos de su mano izquierda (nos volvemos ambidiestros sin percatarnos de ello) succionó a través del algodoncito todo el liquido, hasta dejar en la cuchara un diminuto montoncito de barro junto al filtro. Colocó la aguja en la punta de la flauta y se metió en la boca un extremo del cinturón que había enrollado a su bíceps derecho. Con los dientes apretados tiró del cinturón hasta que las venas hicieron acto de presencia, insertó la aguja en una de ellas y succionó la suficiente sangre como para mezclar el contenido dentro de la flauta. Inmediatamente aflojó la presión liberando de su boca el cinturón y lentamente empujo el embolo hacia adentro, repitiendo varias veces la misma operación.

Esa misma operación, que yo había realizado en miles de ocasiones unos cuantos años atrás, ahora me producía todo un torrente de sensaciones contradictorias a las que por suerte para mí, ganaban por goleada las de rechazo.

Una vez esparcido todo el contenido por su torrente sanguíneo, ya se digno a levantar la cabeza y dirigirla hacia mí. Dió por sentado que no le reprocharía nada por su falta de cortesía al atender la visita. El sabía de sobra que yo también entendía aquello de “lo primero es lo primero”.

.-Bueno, dime, ¿A que se debe el honor?

Continuará……

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